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CÓMO Y PARA QUÉ CONSUMIR PROBIÓTICOS

en enero 27 | en Nutrición | por | con No Comments

La flora intestinal es única para cada persona y su importancia reside en que tanto sus genes como sus actividades biológicas pueden contribuir a la salud o al desarrollo de enfermedades. Los probióticos son bacterias beneficiosas para la salud que están en todo el organismo, y pueden optimizar la simbiosis entre la flora intestinal y el organismo anfitrión u hospedador.Existen dos tipos de factores que pueden alterar el equilibrio del ecosistema intestinal: factores externos y trastornos gastrointestinales. Entre los primeros están la administración de antibióticos, antiinflamatorios, antiácidos…, situaciones de estrés, dietas pobres en fibra y ricas en proteínas, grasas y azúcares simples, cambios en la alimentación por trabajo, viajes… o el mismo proceso del envejecimiento. En el segundo grupo intervienen  la mala absorción de la lactosa, enfermedad inflamatoria intestinal, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, hinchazón, flatulencias y dispepsia, etc.

El primer probiótico usado e incluso inicialmente comercializado en farmacias es el yogur. La diferencia entre un yogur y un probiótico es que el primero es un producto de leche coagulada obtenida por la fermentación láctica producida exclusivamente por dos bacterias beneficiosas, sin embargo, el segundo es un complemento alimentario que contiene una  variedad y cantidad de bacterias beneficiosas por gramo muchísimo mayor, y estas bacterias están en forma liofilizada y se presentan en polvos, cápsulas, comprimidos, viales, sticks, sobres, bricks o líquidos, permitiendo una administración dosificada con efecto terapéutico. Tendríamos que tomar montones y montones de yogures para igualar la cantidad de bacterias de un probiótico.

Hay cientos de tipos de probióticos (Yobalex Balance Polvo, Lactoflora Protector Intimo, Lactoflora intestinal, Lactoflora Protector inmunitario) en las farmacias y su uso ocupa cada vez un lugar más importante en la medicina clínica, por eso es necesario que aprendamos a hacer un uso correcto de éstos, porque los efectos saludables de una cepa microbiana (colonias puras de bacterias) no son atribuibles a otras cepas de la misma especie, ni todas las cepas son eficaces en todas las indicaciones.

Para consumir un probitico con total tranquilidad  debe cumplir en primer lugar con unas características: debe ser seguro, es decir, no patógeno, ni inflamatorio y sin resistencia al antibiótico; debe resistir al PH del estómago, jugos pancreáticos y ácidos biliares; tiene que adherirse a mucus o a células epiteliales; proliferar/colonizar en el tracto digestivo (temporal); con actividades deseables como la inmunoestimulación, actividad anticarcinogénica…; con efectos beneficiosos validados clinicamente para condiciones específicas y mantener activa su capacidad beneficiosa cuando alcanza los lugares donde interacciona con el hospedador; por último debe ser estable y viable durante la vida útil del producto en el que se administra, el cual debe contener la cantidad de microorganismos necesarios para proporcionar el beneficio.

El consumo adecuado de probióticos también tiene que ver con el tipo de población al que se suministra en edad (niños o ancianos) o en estado fisiológico (gestación, lactancia…), por eso es plenamente recomendable que sea el farmacéuitico el que nos aconseje.

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