dolor niño

Valoración del dolor en el niño

en febrero 4 | en Bebés y Madres | por | con No Comments

Aunque durante mucho tiempo se han ignorado tanto la valoración como el trato del dolor en el niño, actualmente sabemos que tiene que prevenirse y tratarse desde el nacimiento, independientemente de cómo el pequeño exprese su respuesta hacia él.

En la decisión de qué le ocurre al niño, cómo afrontarlo y cómo tratarlo tienen un papel crucial los familiares, cuidadores y el personal sanitario (médico-pedíatra, farmacéutico, etc.) vinculados al niño. Cuando reconocemos que el niño tiene dolor convertimos algo subjetivo en objetivo, ya que frente a un mismo estímulo doloroso le siguen sensaciones diversas e individualizadas porque el “umbral del dolor” es muy diferente en cada persona, y depende de la edad y las experiencias que se han vivido.

El dolor no es solo un fenómeno biológico, sino que también está determinado por factores psicológicos y del entorno que originan una percepción diferente del mismo. Fundamentalmente condicionan esta percepción los factores circunstanciales y los individuales. La situación, el contexto y la causa que desencadenan el dolor, son factores circunstanciales de los que depende la relevancia de éste, ya que el niño no percibe de la misma manera un dolor que aparece durante el juego, que otro de la misma intensidad provocado por causas distintas en un hospital.

Los factores psicológicos como el estado de ánimo relacionado con experiencias dolorosas anteriores, así como los familiares y sociales determinados por la atención al dolor en estos ámbitos, la cultura y la religión en las que se educa al niño, forman parte de los factores individuales que condicionan su percepción.

Si medir el dolor en un adulto ya es difícil, aún lo es más en un niño, por eso es necesario obtener la máxima información de su percepción del dolor en lo que se refiere a la localización, intensidad, duración o frecuencia del mismo, así como sus reacciones emocionales asociadas. Para los padres o los cuidadores este último aspecto es difícil de medir, por eso es imprescindible recurrir a los “medidores del dolor” adaptados a su edad y características socioculturales.

Hay tres grupos de métodos de medición: conductuales o basados en la observación de la respuesta al dolor, definida por la expresión facial, llanto, gritos o el reflejo  de retirada del niño, y útiles en la etapa preverbal (menor de 24 meses), para la evaluación del dolor postoperatorio (escalas de CHEOPS), y en menores de 4 años y niños no colaboradores (escala de FLACC). Métodos biológicos o fisiológicos que valoran los cambios funcionales que se dan en su organismo, por la acción neuroquímica producida como respuesta al dolor, y que son válidos para todas las edades. Por último los autovalorativos o cognitivos (escala de las caras del dolor y EVA) que cuantifican el dolor a través de la expresión que el niño manifiesta frente a un modelo figurativo o de valores numéricos  y mediante la descripción que éste hace del propio dolor, aunque este método requiere un mínimo desarrollo psicomotor (mayor de 4 años).

En los niños más pequeños sobre todo, el miedo y la ansiedad que genera la vivencia del dolor, tienen un papel predominante que pueden exagerar su percepción del dolor, pero  esto no justifica una actitud pasiva ante el posible dolor del niño.

Para más información, consultar el artículo: Medición Dolor en el niño

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