hiperconsumo infantil

POR QUÉ CONTROLAR EL HIPERCONSUMO INFANTIL

en abril 18 | en Bebés y Madres | por | con No Comments

Aunque ya hay muchos padres que moderan el consumo de juguetes de sus hijos, es fundamental que también el resto de personas que comparten momentos con éstos sean conscientes de la importancia que tiene evitar el hiperconsumo infantil o compra compulsiva de regalos  para dejar el espacio idóneo al desarrollo de su fantasía y creatividad.

¿Qué es el hiperconsumo infantil?

El exceso de juguetes convierte a estos en protagonistas y deja el juego en segundo plano. Sin embargo, el juego en sí mismo es vital en la infancia y, si somos capaces de extrapolarlo, también lo es en la edad adulta. Sin el juego, nuestros niños pierden la oportunidad de desarrollar habilidades y capacidades fundamentales y caerán en el engaño de buscar la felicidad en objetos innecesarios.

Seguro que entre nuestros recuerdos está ese día en el que recibimos un regalo ansiado, pero con más probabilidad, lo que más añoremos sean los momentos que vivimos jugando con él: excursiones familiares, paseos con amigos, caídas, risas, rodillas, arañadas… El juego en sí mismo, no tanto el objeto, es lo que nos hace crear recuerdos. El juego es la mayor herramienta de aprendizaje con la que puede contar un niño; no solo le proporciona diversión y bienestar, sino que le ayuda a desarrollar capacidades y habilidades necesarias para convertirse en un adulto seguro e independiente. En general, son cuatro áreas las que se estimulan a través del juego.

¿Cuáles son las áreas que estimula el juego?

El área que permite ejercitarse y desarrollar habilidades físicas, adquirir flexibilidad y coordinación psicomotriz, asumir retos y conocer los propios límites es la física. En el área educativa se asimilan fácilmente conceptos nuevos o complejos, se adquiere destreza a la hora de plantear problemas y buscar soluciones y se estimulan  la creatividad y la fantasía. Aumentan la curiosidad, la concentración y la percepción del entorno, y enseña a establecer reglas y alcanzar acuerdos que satisfagan a todos los jugadores.

Favorece el contacto con otros miembros de la familia o de la comunidad, potenciando el desarrollo de las capacidades lingüísticas y de comunicación el área social. Se adquieren hábitos sociales y conocimientos culturales, al tiempo que se aprende a cooperar y a respetar a los demás. Por último el área emocional supone una vía de escape a través de la cual los niños pueden , simbólicamente plasmar sus sentimientos y frustraciones. Aporta desahogo físico y mental y contribuye a la relajación y al bienestar. Además, el componente social del juego refuerza el sentimiento de pertenencia a un grupo y la autoestima.

“El juego no es algo estático, sino que evoluciona con el tiempo. Los bebés y los niños modifican su forma de jugar” evitemos el hiperconsumo infantil.

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