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¿QUÉ PASA ACTUALMENTE CON LOS MEDICAMENTOS BIOLÓGICOS?

en agosto 22 | en Farmacia | por | con No Comments

La expansión de los medicamentos biológicos, que ya representan el 25% del gasto farmacéutico, marca con fuerza el inicio de una nueva etapa para los sistemas sanitarios y, desde luego, para la farmacia y para los farmacéuticos.

Los medicamentos biológicos constituyen un potente arsenal terapéutico a disposición de farmacéuticos y médicos porque con ellos se puede hacer frente a enfermedades que hasta hace poco eran graves o mortales.

A los medicamentos biológicos iniciales (bajo patente) se unen los biosimilares (cuando ésta ha caducado). Unos y otros se parecen, pero siempre son diferentes entre sí. La variedad de los orígenes de estos medicamentos, los distintos procedimientos de fabricación, su estructura, su peso molecular y los mecanismos de acción no permiten la igualdad entre biológicos iniciales y biosimilares, lo cual, sin duda, es relevante desde el punto de vista clínico.

¿Qué es un medicamento biológico?

Un medicamento biológico es una sustancia producida con un organismo vivo o sus productos que se usa para prevenir, diagnosticar, o tratar el cáncer y otras enfermedades. Entre los medicamentos biológicos se incluyen los anticuerpos, las interleucinas y las vacunas. También se llama producto biológico y sustancia biológica.

¿Qué está ocurriendo con los medicamentos biológicos?

Es habitual que cuando se ensalza la utilidad terapéutica de biológicos y de biosimilares, los argumentos se centren en los medicamentos como tales, pero también lo es que queden en segundo plano la opinión del médico y la información a los pacientes. Esto constituye un manifiesto error, y en ese error incurren ciertas  políticas que, ignorando a médicos y a pacientes, imponen la prescripción de un biológico por razón de precio.

Se trata de políticas equivocadas y, al mismo tiempo, de dudosa legalidad porque vacían de contenido la facultad de prescripción que, por mandato legal (Artículo 79 de la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios), corresponde con carácter exclusivo al médico. Tammbién porque desconocen los derechos de información y, en su caso,  de consentimiento que tienen los enfermos, más aún aquellos que padecen patologías graves. Son derechos reconocidos por la Ley 41/2002, Básica de Autonomía del Paciente (Artículos 2, 3 y 10, entre otros).

Semejantes políticas se pretenden “justificar” en la necesidad de conseguir ahorros para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario. Quienes la defienden no dudan en alzar barreras para “racionar” el uso de biológicos, aunque para ello se debilite la posición de médicos y pacientes, sin que “en compensación”  nadie aporte datos fiables sobre los ahorros conseguidos y el destino que se da a éstos.

Desde el punto de vista sanitario y ético, es inaceptable consagrar el ahorro como un fin en si mismo. Hasta ahora nadie ha valorado con datos fiables ni ha explicado cuál ha sido el impacto de esas políticas sobre los pacientes ni tampoco sus resultados en salud.

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